Casi siempre pasa igual: la conversación iba bien, ya habías conseguido lo que querías, y agregaste dos frases más. Nadie te obligó. Segunda entrega de la serie sobre Greene, y la más limpia de las cinco: ocho leyes que no se aplican sobre nadie, sino sobre uno mismo. Decir menos de lo necesario y no exhibir el esfuerzo; concentrar la fuerza, elegir el momento y moverse completo cuando se decide moverse; y soltar lo que no se puede tener, el personaje que no elegiste y el método que ya no sirve. Con Don Aurelio, relojero de cuarenta años ("rápido no: me tomó cuarenta años y cinco minutos"), Carlos y Andrea. Y una lectura honesta que pone estas leyes frente al estoicismo: misma técnica de dominio propio, distinta finalidad —el estoico se domina para vivir bien; el lector de Greene, para ganar.
